

Autor: Terminales Medellín
Más de 764.000 viajeros se movilizaron en Semana Santa desde Terminales Medellín
Con la movilización de 764.344 personas, así como la entrada y salida de 55.212 vehículos por las terminales terrestres, concluyó la temporada de Semana Santa de 2025. Entre el viernes 11 y el domingo 20 de abril, los usuarios se conectaron con más de 176 destinos, principalmente la Costa Atlántica, el Eje Cafetero, Bogotá, Bucaramanga, Cúcuta y municipios como Necoclí, Guatapé, Santa Fe de Antioquia, Sopetrán, Jericó, Jardín, San Pedro de los Milagros y San Rafael.
Los desplazamientos a destinos religiosos se incrementaron con relación a una semana regular del año. Las salidas de Medellín a Mompox aumentaron 206 %, a Popayán 90 %, a Ipiales 115 %, a Jericó 79 %, a Santa Fe de Antioquia 55 % y a San Pedro de los Milagros 16 %.
«Gracias a la coordinación entre las instituciones públicas y las diferentes empresas transportadoras, hemos garantizado una operación ágil y segura. Agradecemos a quienes se han comprometido con la legalidad y, de la misma forma, que hayan viajado desde las terminales», afirmó el subgerente técnico y operativo de Terminales Medellín, Ricardo León Yepes Pérez.
https://youtu.be/hDLtPyBaVOE
Se reforzó el personal de apoyo, policía y agentes de tránsito, especialmente durante la operación retorno que registró el mayor pico entre la tarde del sábado y la noche del domingo. Todo con el fin de garantizar la movilidad de quienes volvían a la ciudad tras disfrutar su descanso.
Adicionalmente, se desarrollaron acciones de control ambiental con el Área Metropolitana del Valle de Aburrá para prevenir el tráfico ilegal de flora y fauna silvestre. Como resultado de estas jornadas, se sensibilizaron 4.804 personas y se inspeccionaron 424 vehículos. No se presentaron incautaciones.
«Viajamos desde la Terminal del Norte hacia Santa Fe de Antioquia, a disfrutar de un municipio muy turístico y de las procesiones. Salimos el lunes y volvimos el domingo. Todo muy tranquilo en la terminal y muy organizado», comentó el usuario, Carlos Daniel Palacio Ruiz.
https://youtu.be/izbCVBEnZ5U
Debido a la emergencia sanitaria en el país, a partir de este 21 de abril y hasta el 3 de mayo se reanuda en ambas terminales la jornada gratuita de vacunación contra la fiebre amarilla, de 8:00 a. m. a 4:00 p. m.
La Administración Distrital agradece a los viajeros que se movilizaron de forma legal mediante la compra de tiquetes en lugares autorizados, con abordaje de buses dentro de las terminales. El propósito permanente es garantizar una experiencia segura para los usuarios.
Información para periodistas
Terminales de Transporte de Medellín S.A.
Natalia Londoño Giraldo
300 547 6657
363.952 viajeros se han movilizado por Terminales Medellín en los primeros días de Semana Santa
https://youtu.be/XzBpOaC0XUQ
La Semana Santa es una de las temporadas de mayor movimiento en las terminales de transporte y Medellín no es la excepción. Desde el viernes 11 de abril y hasta hoy martes 15, unos 363.952 viajeros han pasado por las Terminales del Norte y del Sur, conectando con más de 176 destinos en todo el país.
Se espera que el flujo de pasajeros aumente significativamente mañana miércoles, alcanzando su tope máximo a partir de las 5:00 p. m. O, por lo tanto, aprovecha la mañana del Jueves Santo para salir de viaje.
Los destinos preferidos para esta época son la Costa Atlántica, el Eje Cafetero, Necoclí, Bogotá, Bucaramanga, Pasto y Cúcuta, además de los municipios turísticos de Antioquia, como Guatapé, Jericó, San Pedro de los Milagros, Santa Fe de Antioquia, Jardín y San Rafael.
Ante el alto flujo de viajeros, Terminales Medellín recomienda comprar los tiquetes con anticipación en las taquillas oficiales o a través de los canales digitales de las empresas transportadoras o de la entidad; llegar con suficiente tiempo antes de la salida del bus para evitar contratiempos; verificar los horarios y políticas de viaje, especialmente si sale con menores de edad o mascotas; cuidar sus pertenencias y estar atentos a sus objetos personales; y optar siempre por transporte legal y autorizado, evitando servicios informales.
Además, Terminales Medellín invita a los viajeros a participar en la jornada de vacunación contra la fiebre amarilla, que se efectuará en el puesto de enfermería de la Terminal del Norte (piso 1, local 9881) el 14, 15 y 16 de abril, de 8:00 a. m. a 4:00 p. m.
Información para periodistas
Terminales de Transporte de Medellín S.A.
Natalia Londoño Giraldo
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Terminales Medellín espera un incremento en algunos destinos religiosos de Semana Santa de hasta 126% en pasajeros
Terminales Medellín se prepara para una alta afluencia de pasajeros que viajarán esta Semana Santa hacia destinos como Mompox, Popayán, Pasto, Villa de Leyva, Santa Fe de Antioquia, San Pedro de los Milagros y Jericó, que durante esta época registran un fuerte incremento en la demanda.
Con base en datos de temporadas anteriores y en comparación con una semana regular, el flujo de pasajeros, por ejemplo, hacia Mompox podría aumentar hasta un 126 %, mientras que Jericó registraría un 55 % más de viajeros. San Pedro de los Milagros y Santa Fe de Antioquia también se perfilan como rutas de alta movilidad, con crecimientos esperados en el número de pasajeros del 8 % y 61 %, respectivamente.
“Semana Santa es una temporada clave para el turismo religioso y cultural en Colombia. Desde Terminales Medellín, garantizamos una operación eficiente para que los viajeros lleguen a sus destinos de forma segura y organizada. Los invitamos a planificar su viaje con anticipación y a optar siempre por el transporte legal”, afirmó el Subgerente Técnico y Operativo de la entidad, Ricardo León Yepes Pérez.
https://youtu.be/XGinBv-aMd0
Para quienes planean viajar en estos días, se recomienda:
– Comprar los tiquetes con anticipación y en puntos oficiales, para evitar contratiempos.
– Llegar con tiempo a las terminales de transporte, ya que la afluencia de viajeros será alta.
– Verificar disponibilidad de horarios y rutas con las empresas transportadoras.
– Optar siempre por transporte legal, lo que garantiza seguridad y cumplimiento en los trayectos.
“En Semana Santa siempre viajo a San Pedro de los Milagros, lo hago desde Terminales Medellín porque desde ahí viajo segura. Disfruto mucho de las procesiones, de su iglesia que me parece muy hermosa y de la cultura de este pueblo”, comentó Lorena Parra, viajera.
https://youtu.be/hctagc-G2v4
Adicional a esto, se invita a la ciudadanía a participar en la jornada de vacunación contra la fiebre amarilla, que se efectuará en el puesto de enfermería de la Terminal del Norte (piso 1, local 9881), los días 14, 15 y 16 de abril, de 8:00 a. m. a 4:00 p. m.
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Terminales de Transporte de Medellín S.A.
Natalia Londoño Giraldo
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746.000 viajeros se movilizarán por las terminales de transporte de Medellín durante la Semana Santa
Terminales Medellín está lista para recibir a los viajeros que se desplazarán a diferentes destinos turísticos y religiosos durante la Semana Santa, una de las temporadas de mayor movilidad en el país. Se estima que, hasta el 20 de abril, 746.000 viajeros pasarán por las Terminales Norte y Sur, con una proyección de 53.600 entradas y salidas de vehículos.
Para garantizar una operación eficiente, se instaló un Puesto de Mando Unificado (PMU), un espacio de articulación con dependencias de la Administración Distrital, los gerentes de las empresas transportadoras, los gremios de transporte de pasajeros, la Policía Nacional y las copropiedades, entre otros. Esta estrategia permite coordinar esfuerzos y atender, de manera oportuna, cualquier eventualidad que pueda afectar la movilidad y la seguridad de los viajeros.
“Semana Santa es una época especial para el turismo, pero a su vez para conectar a todas las regiones. En terminales hemos tomado las medidas para garantizar un servicio ordenado y seguro. Esto, de la mano con todos nuestros aliados, las empresas transportadoras y la institucionalidad”, señaló el subgerente operativo y técnico de Terminales Medellín, Ricardo León Yepes.
https://youtu.be/WkxQ1GBD-08
Los destinos más visitados en esta temporada incluyen municipios de Antioquia como Necoclí, Santa Fe, Rionegro, San Pedro de los Milagros, Yarumal, Marinilla, Santa Rosa de Osos, Santuario, Jardín y Jericó. A nivel nacional, entre los principales están Bogotá, Armenia, Manizales, Cali, Santa Marta, Barranquilla y Cartagena.
Desde la entidad se reitera el llamado a los viajeros para que elijan la legalidad, comprando sus tiquetes en las taquillas de las empresas transportadoras o a través de las páginas web autorizadas; no abordar buses en las afueras de las terminales ni en carretera es fundamental para evitar riesgos y garantizar un viaje seguro. Si se viaja con menores de edad, es obligatorio cumplir la reglamentación del Ministerio de Transporte, lo que incluye la presentación de documentos de identidad y, en caso de que el menor viaje solo, la autorización escrita de sus padres o tutor legal. Asimismo, quienes lleven mascotas, deben consultar previamente las políticas de la empresa transportadora.
Se recomienda comprar los tiquetes con anticipación y llegar con tiempo suficiente para evitar dificultades. También es clave mantener las pertenencias siempre a la vista y no descuidar los objetos personales.
“Me transporto desde las terminales por la seguridad y porque uno compra el tiquete allí y tiene un seguro de vida fijo, mientras que si uno aborda el transporte en el camino no se tiene seguridad”, expresó Gloria Margarita Abella, viajera frecuente de la Terminal del Norte.
https://youtu.be/9jwSRxaYDM4
Aprovechando la alta afluencia de viajeros en Semana Santa, se invita a la ciudadanía a participar en la jornada de vacunación contra la fiebre amarilla, que se efectuará en el puesto de enfermería de la Terminal del Norte (piso 1, local 9881), el 14, 15 y 16 de abril, de 8:00 a. m. a 4:00 p. m.
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Terminales de Transporte de Medellín S.A.
Natalia Londoño Giraldo
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Aviso acción popular – 202500043




Don Albeiro Espinosa: un sueño hecho realidad
Muchos seres han puesto lo mejor de sí para convertir a Terminales Medellín en el corazón de la comunicación terrestre de pasajeros de la región. Uno de ellos es Albeiro Espinosa, quien ha entregado con amor la mitad de su vida al servicio como técnico operativo y con amabilidad y alegría irradia a los usuarios que a diario transitan por Terminales Medellín, lugar que conecta a la ciudad con las 5 regiones de Colombia y las 9 subregiones de Antioquia.
Don Albeiro Espinosa empezó a ser parte de Terminales Medellín hace 37 años. Hoy es uno de los 113 colaboradores que, todos los días, visten nuestra “camiseta” con amor y orgullo. Se ha ganado el respeto y el cariño de sus compañeros, ellos siempre esperan que les ofrezca el café que todos los días hace con dedicación y que es famoso por su buen sabor. Esta acción es solo un ejemplo de entrega y buena energía.
Cuando camina por los pasillos de Terminales Medellín, llama la atención por el color de su chaleco naranja, distintivo del personal operativo que tiene la tarea de orientar y atender al público de las terminales. A través de su figura delgada, un rostro apacible de tez blanca y su cabello cano, refleja la sabiduría que le otorgan los años. Su calma es un bálsamo para viajeros afanosos que tienen la necesidad de ubicarse o encontrar uno de los múltiples servicios que se conjugan en las terminales.
Cómo inició el sueño
De don Albeiro debemos decir que ingresó a Terminales Medellín en el año de 1988 como un gran sueño cumplido. De su infancia recuerda los primeros viajes a Medellín desde su natal Santa Rosa de Osos, cuando con su padre debía hacer parada en el centro. Recuerda que la empresa que lo transportaba y que aún hoy despacha buses hacia el mismo destino: Coopetransa, estaba ubicada en la av. Ferrocarril, y las demás empresas diseminadas por diferentes calles del sector de Guayaquil.
“Brasilia y Rápido Ochoa funcionaban por los lados de Palacé o de los Huesos, eso era regado por todo el centro y en la calle, la inseguridad, y bueno las vías no eran las mejores en ese tiempo”.
Muy temprano, su familia tuvo la necesidad de migrar a la ciudad y llegaron al barrio Manrique Central por el sector de Palos Verdes, al lado de la Iglesia Señor de las Misericordias, desde donde caminaba todos los días hasta el Colegio Militar José María Córdova, del cual se graduó con libreta militar de primera clase. Desde Palos Verdes bajaba caminando los fines de semana para jugar en la cancha de fútbol, que fue el lote en el que se construyó la Terminal del Norte.
“A mí me gustaba venir a jugar ahí fútbol, pero eso era dentro de la autopista, prácticamente “un rastrojero”, un pantanero. Era la autopista y de ahí para allá no había nada construido, sino que era unas matas”.
Cuando empezó a construirse la Terminal del Norte en 1981 y después de graduarse como bachiller, don Albeiro contemplaba desde las lomas de Manrique los avances y, los domingos, bajaba para deleitarse de cerca con la construcción de la inolvidable estructura metálica verde del techo. Deseaba con intensidad la posibilidad de trabajar en un sitio como la Terminal, anhelaba este trabajo y, sin darse cuenta, lo estaba llamando.
“¡Oiga lo que se le pone a uno en la mente! Créame que es verdad, yo iba por allá e iba como a ‘desachantarme’, porque me bajaba a pie y yo decía: ¡hombre qué sabroso uno trabajar acá en la terminal! Y vea, se me dieron las cosas, hasta hoy en día que estoy acá, prácticamente a punto de salir pensionado, gracias a Dios”.
Recuerda la inauguración de la Terminal del Norte como un gran evento de ciudad, la curiosa concurrencia, según él, era comparable a la peregrinación que se formó con la venida del papa a Medellín en el 1986, o a la inauguración del Metro en 1995. Todo el mundo quería conocer la nueva terminal de transporte, la cual cambiaría para siempre las dinámicas del centro de Medellín y del sector en el que se ubicó desde entonces.
“Todo el mundo fue a ‘novelerear’ allá a la terminal, y eso no fue de un día para otro, sino que duró tiempo, como si fuera una peregrinación donde se hubiera aparecido la virgen ¿sí me entiende?”
Historias de amor: Terminales Medellín, nuestro segundo hogar
La posibilidad de viajar lo acercó al amor, pues don Albeiro conoció a su esposa Beatriz Castro en el Carmen de Bolívar, antes de ingresar a laborar a Terminales Medellín, cuando trabajaba para una editorial que vendía credenciales y esquelas con mensajes para enamorados, algunas de ellas se conservan en los álbumes familiares como prueba de su conquista, la cual cumple alrededor de 43 años.
“En ese entonces —los buses— no eran ni con aire acondicionado, el aire acondicionado era que se abrían las ventanillas y entraba el aire nomás, eran buses, los que llamábamos ‘machaquitas’”.
Su vida dio un vuelco en agosto de 1988, cuando don Albeiro ingresó a Terminales Medellín como parte del equipo operativo. Había cumplido un sueño: trabajar con la empresa y en el lugar que miraba con anhelo en su juventud desde lo alto de Manrique.
Dice que, en un inicio, la operación de Terminales Medellín era mucho más compleja. Los registros de entradas y salidas, el servicio de baños y los recaudos de las tasas de uso se hacían manualmente en planillas, en las cuales anotaban los datos de los vehículos y, con un reloj de control, marcaban las horas en las que ingresaban y salían de la terminal. “Cuadrar” la caja era toda una odisea, pues el recaudo debía coincidir con los datos asentados en las planillas, por lo cual, al inicio se vio obligado a trabajar horas extras hasta que las cuentas fueran claras. Después aprendieron a hacer el cuadre durante el turno y así ajustaron su horario de salida.
“Pues nosotros anotábamos en esas hojas y esos datos se llevaban a la información que había en ese entonces. Por medio de esos datos era que se le informaba a la gente de llegadas y de los vehículos… entonces constantemente les estábamos llevando las hojitas, ¿cierto? para que estuvieran más o menos actualizadas.”
Para este hombre sexagenario el transporte es el motor de cualquier economía y, su experiencia en la primera terminal de transportes de pasajeros del país, le han sumado 37 años de experiencia, le han convertido en asesor de técnicos de otras ciudades y municipios del país, en la tarea de construir sus propias terminales de transporte. Estas asesorías están basadas en aciertos y mejoras que se han implementado desde su origen, en este nodo regional de comunicación terrestre que, en materia de transporte de pasajeros, se ha convertido en modelo de crecimiento.
“Todas las terminales de todos los lugares del país, que empezaron a construir las terminales, venían aquí no más y nosotros fuimos muchas veces el motor para darle inducción a toda esa gente que llegaba de otras partes a ver cómo funcionaba esto.”
De lo manual a lo automático
Para don Albeiro el cambio, en 47 años de operaciones de la Terminal del Norte, es del 100%, pues, según manifiesta, ahora es mucho más fácil, teniendo en cuenta la automatización en el registro de entradas y salidas que, a través del reconocimiento biométrico de las placas, genera automáticamente toda la información y los datos de entradas y salidas de los vehículos y sus conductores.
“Ahora todo está muy bien, porque ya cuando se va a finalizar el turno en uno o dos minuticos se cierra y da el dato preciso y ya el sistema nos trae todo hecho prácticamente, lo que se hacía anteriormente manual ya el sistema nos lo hace. Sí ha mejorado en un 100% la vida laboral en la terminal.”
Don Albeiro manifiesta tener un profundo cariño por Terminales Medellín. Gracias a su trabajo pudo conformar una familia a los pocos meses de su ingreso a la empresa y adquirir su casa propia en Bello, además dice que: “de no ser por Terminales Medellín” no hubiese podido sostener a su esposa y a sus dos hijas Diana Carolina y Ángela María, quienes se han convertido en profesionales en Administración de Empresas y Derecho de la Universidad de Medellín, respectivamente, gracias al trabajo dedicado que su padre cumple sin falta cada semana en esta empresa desde hace 37 años.
“Yo a veces digo que la terminal fue donde yo tuve todos los ingresos para sostener la familia porque no hubo otra empresa diferente.”
En su figura apacible y su estado de calma, don Albeiro refleja la experiencia y nos regala parte de su secreto para conservar su delgada figura y vigor: “la tranquilidad y el respeto ante todo”, dice, es lo que lo ha llevado a conservar su matrimonio durante todo este tiempo, así como una fórmula secreta para tener éxito en su trabajo, que consiste en atender, guiar y ser amable con los clientes: conductores y viajeros con los cuales está en contacto todos los días y que son la razón de la Sociedad de Terminales de Transportes de Medellín S.A. desde que se fundó, hasta la fecha.
“Tolerar y respetar. Saber que el otro es diferente a uno y que piensa diferente a uno y esa es la base de la convivencia, pues que me ha llevado a mantenerme tanto laboralmente como en estas vías de sociedad de pareja”.
Y aunque está a punto de jubilarse, manifiesta que desde ya está elaborando el duelo de la separación de un sitio en el que ha pasado la mayor parte de su tiempo y al cual viene siempre a trabajar con entusiasmo y alegría.
“Le cuento, yo ya estoy como en planes de retiro ¿cierto?, porque ya la vida laboral se me va agotando, pero entonces uno va sintiendo nostalgia ¿cierto? Pero por el lado mío yo le digo: si no hubiera que salir, pues yo seguiría trabajando en la terminal.”
La “Mona” del aseo

Siempre impecable
Doña Gladis Amparo Correa, la “Mona” del aseo, como es conocida en Terminales Medellín, es una mujer obsesionada con la impecabilidad, con un amor por la limpieza incomparable y como el acto más digno de un ser, está siempre reluciente. Esta mujer de 57 años, tez blanca y “sonrisa eterna”, se ve todo el tiempo amable, paseando con su escoba y su trapeadora por los pisos de la plataforma de llegadas de la Terminal del Norte, donde está alerta para suplir emergencias y mantener este espacio siempre limpio, como el reflejo de su vida.
“Ah sí, a mí me gusta mucho ponerme adornos, mantenerme organizada, y más en este sitio que se ve gente de día y de noche y que nos están mirando…que no digan, ¡vea esa “Mona” como se mantiene descachalandrada!, a mí no me gusta eso”, dice mientras lava la trapeadora en el cuarto útil donde inicia su jornada.
Sus uñas, perfectamente maquilladas de diversos colores y figuras, de las cuales sobresale la carita feliz de un emoticón bajo un fondo amarillo. Lleva sombra de color rosa en sus párpados y una línea oscura alrededor de sus alegres ojos claros. Rubor en sus mejillas, cabello recogido con un moño vistoso, a veces rojo, verde o amarillo, que contrasta con el blanco intenso de su uniforme, como un homenaje al oficio de la limpieza y la dignidad.
Infancia campesina
Doña Gladis nació en la vereda El Naranjal del municipio de Abejorral y como hija mayor de una familia nuclear campesina con 7 hijos, ayudó a criar a sus hermanos menores. De su casa campesina, recuerda las alegres jornadas jugando a las canicas y a los carritos por improvisadas carreteras, trazadas por ella y sus amigos alrededor de los cultivos de café, plátano y yuca, entre otras variedades. Recuerda de aquella época, en la que llevaba una vida feliz y tranquila, los reclamos de su madre por participar en “juegos de niños”, a lo que ella respondía con firmeza, que no le gustaban las muñecas, y por eso sólo tuvo dos hijos. La “Mona” no se imaginaba una vida como la de su madre, intentando mantener el control de una familia numerosa.
A los 10 años, cuando los cultivos ya no eran rentables, toda la familia migró de Abejorral a La Ceja. En La Ceja administraron una finca con ganado pero, muy temprano, se vio obligada a salir de su casa por la necesidad de aportar unos pesos extras y ayudar a solventar las necesidades de la familia. Fue así como inició su primer trabajo en una casa de familia, cuando apenas tenía 14 años.
Trabajo y resistencia
Aguantó malos tratos, ayudó a criar a otros hijos, a quienes los llevaba y los traía del colegio, los ayudaba a hacer tareas, les cocinaba y les dejaba todo siempre ordenado y limpio. Pero cansada de la actitud de unos “patrones desagradecidos”, encontró un nuevo trabajo descuartizando pollos en Barbosa, allí trabajó por más de 15 años, y a la par, construyó su familia.
Amor de ruta
A los 14 años, la “Mona” también se enamoró de su esposo Orlando Velázquez, un viejo vecino de la vereda El Naranjal que la siguió como una sombra, pues mientras se desempeñaba como conductor de bus entre Abejorral y La Ceja iniciaron ese cruce de miradas y conversaciones sutiles, dieron origen a su historia de amor, que se ha mantenido por más de 40 años.
“Allá me lo conocí, en un bus. Él pasaba siempre cuando yo hacía esa ruta y por allá no faltaba que la ojeada, que la mano y bueno, las conversaditas”, dice mientras se ríe maliciosamente y reitera la idea de que tuvo que “lucharlo mucho”, pues, según ella, el oficio de conductor tiene desventajas para una mujer a la que no le faltaron sus rivales. A la fecha viven juntos en Barbosa, unidos como la prueba de un fuerte amor que se ha convertido en la última compañía.
Luces y sombras
A los 20 años, la “Mona” concibió a su primera hija, Lady Johanna, quien hoy tiene 28 años. A Gustavo Alejandro lo tuvo el 15 de octubre de 1997, exactamente el mismo día en el que su padre fue arrollado por un automóvil, mientras se bajaba de un taxi en la variante de Barbosa. Una fecha que significa la luz y la sombra, el nacimiento y la muerte, dos caras de la misma moneda en la vida de la “Mona”.
Hoy, Alejandro tiene la misma edad que su abuelo cuando murió, y afortunadamente no ha dejado de ser un buen hijo que, aunque no quiso estudiar; aprendió desde los 11 años a conducir como su padre. Posteriormente, la “Mona” le pagó la licencia de conducción y hoy, su hijo, transporta pasajeros entre Botero y Barbosa. El oficio de conductor la une a su familia, pero también a Terminales Medellín, donde se pasea 6 de los 7 días a la semana y donde dice sentirse “feliz y contenta”.
Ritual diario
La “Mona” disfruta honestamente de su trabajo y cuando tiene turno en la mañana se levanta a las 3 a. m., porque no le gusta llegar tarde. Desde Barbosa viaja en bus por una hora hasta la Terminal del Norte, donde recibe su puesto a las 5:45 a. m.
«Uno se enseña a viajar todos los días, porque nadie sabe los inconvenientes en la autopista, que no faltan. Entonces uno sabe que tiene que venirse una horita antes para no estar llegando tarde al trabajo”.
Viene preparada para todo y entre sus insumos lleva siempre escobas, traperas, cepillos, detergentes biodegradables, desengrasante, hipoclorito y aserrín para mitigar la llegada de los usuarios nauseabundos.
Paciencia y dignidad
Pasa sus días entretenida y sonriente limpiando pisos y guiando turistas por la terminal. Cuenta con la sabiduría para entender el oficio de limpiar lo que otros ensucian. Así demarca su zona de trabajo con la señal de ¡cuidado!, espera si alguien tiene que pasar, busca otros lugares para limpiar cuando los usuarios se molestan, entiende que es imposible luchar contra las personalidades y los estados de ánimo.
“Hay que tener paciencia, ¡Eh Ave María!, nos tiran los letreros con el pie, con la maleta y ¡vuela lejos!. Pero uno ya sabe cómo es y tiene paciencia. Yo no me voy a poner a pelear, que pisen que yo tengo más horas para estar pendiente, para entregar limpio” dice con orgullo.
Orgullo de lo que hace
La Mona enfrenta todos los días usuarios indolentes y carentes de empatía que, sin importar, no dudan en reparar que ese es su trabajo y que para eso le pagan, dejando tirada la suciedad y su mala educación para que la “Mona” las recoja.
Entre risas, recuerda sus anécdotas con los extranjeros que preguntan o hacen buenos comentarios sobre nuestras terminales. “Ah sí los gringos, eso sí, uno que otro dice: ¡vea tan juiciosa como tiene el piso de bonito! Se amañan mucho aquí, que porque la terminal tan bonita, que es mucho mejor ésta que la de Bogotá, dicen”.
Añora especialmente el bullicio y el fluir de cada temporada de vacaciones, donde los pasillos fluyen entre miles de viajeros que buscan un destino para llegar. Sirve de guía para los usuarios que requieren de una taquilla, del acopio de taxis, o de algún local dentro de la terminal.
“En diciembre son como hormigas, como las arrieras, de arriba para abajo. Diciembre aquí es de respeto, y hasta bueno, porque mientras más buses salgan y más gente viaje, por ellos tenemos trabajo”, —dice con una sutil sonrisa en su rostro—. “Me siento muy contenta con la Terminal del Norte. No sé, será porque tengo mi trabajo, mi empleo y me amaño mucho trabajando acá. Mucha gente y nunca se siente uno sola”.
El oficio como identidad
Aunque espera pronto su pensión, no está segura de vivir una vida sin su oficio. En su tiempo libre encuentra la excusa perfecta para limpiar su propia casa, a la cual también quiere mantener siempre impecable. Porque la “Mona” del aseo de Terminales Medellín, lleva en su ADN la obsesión por la limpieza.
Iván Benjumea: “el que persevera, alcanza”
Al pasar por su oficina, en el sótano del área administrativa en la Terminal del Norte, se ve siempre enfrascado en su computador, realizando cálculos y revisando la información suministrada por las aplicaciones de control de entradas y salidas, entre otras aplicaciones tecnológicas que suministran datos operacionales, claves para el funcionamiento de la empresa. Don Iván Benjumea debe interpretarlos para ponerlos al servicio de Terminales Medellín, a través de informes a la subgerencia técnica y operativa.
Se ve siempre impecable, con cabello corto bien peinado y entrecano; una barba indomable que deja rastro, aun recién afeitada; camisa a rayas y mangas recogidas; pantalón negro de dril y zapatillas; aunque algunas veces, como los viernes, viste camiseta tipo polo con el logo institucional, o la camiseta de la Selección Colombia cuando juega.
En ocasiones se ve muy serio, pero si se le mira con detenimiento, don Iván Benjumea conserva un aspecto tranquilo y una sutil sonrisa que, sin percatarse, le da una aire siempre amable frente a sus interlocutores y, a través de una voz resonante, entabla sin esfuerzo una fluida y elocuente conversación que demuestra su capacidad pensante, la que le ha abierto un camino.
Del repentismo a los sistemas informáticos.
Nacido en el barrio San Javier, en un hogar conformado por sus padres don Darío Benjumea y doña Olga Saldarriaga, y sus dos hermanas Cristina y Lina Benjumea, recuerda con agrado cuando hacía de todo para ayudar a su padre, quien cargaba bultos en la plaza de mercado de Campo Valdés y alternaba su economía con ventas, en las que don Iván lo acompañaba. Recuerda que, mientras estudiaba su primaria en la escuela Epifanio Mejía de Aranjuez, acompañaba a su padre en los tiempos extras, para fabricar y vender chorizos y quesitos. Así fue construyendo su camino este hombre de mentalidad aguerrida, que siempre combinó el trabajo y el estudio.
A través de esa chispa repentista, que no lo abandona y que aprendió en su adolescencia, suelta de vez en vez un buen chiste, con el cual es inevitable contener las risas. Su presencia contagia de alegría y, en medio de una conversación amena, nos lleva a otro flash-back de su vida cuando, siendo alumno de bachillerato del Liceo Gilberto Alzate Avendaño, tuvo la fortuna de compartir aula con los reyes de la trova: Jhon Jairo Pérez “don Ebrio”, Jhon Jairo Londoño “Fosforito” y César Augusto Betancur alias “Pucheros”. De este último recuerda con especial cariño a su padre don Leonel Betancur, quien fungió como su profesor de arte.
“Los trovadores más grandes de Colombia salieron de allá porque el papá de Pucheros era el profesor de arte, y en una de las clases había que hacer repentismo y él se sentaba con el tiple a tocar y nos enseñaba.”
Don Leonel Betancur los indujo al arte de la trova, dejando una huella imborrable en don Iván, quien recuerda con alegría aquella época de su vida, al lado de su maestro y el talento de sus compañeros de colegio.
El camino del esfuerzo.
Dice que se presentó a la universidad y pasó, pero en su casa no tenían cómo pagar sus estudios: “me dijeron: ‘si le damos el estudio a usted no le podemos dar estudio a sus hermanas’, y yo no, hágale, yo empiezo a trabajar.” Por esos días la vida lo puso a trotar por pasión y por necesidad, pues don Iván quería ser entrenador deportivo, kinesiólogo, o algo parecido, y no escatimaba esfuerzos para ello: “yo trabajaba por Monterrey en una distribuidora de yogures y de pollo, y vivía en Aranjuez, y todos los días venía trotando desde Monterrey hasta Aranjuez, ¡todos los días!” Aunque al final desvió la búsqueda de ese gran sueño.
El bichito de la ingeniería le picó como un azar, pero antes aprendió a conducir y trabajó en una empresa que rentaba autos. Los conducía desde Pereira, Cartagena, entre otras ciudades, hasta Medellín y viceversa. Cuando ese trabajo se acabó, él era todavía muy joven, tenía 24 años. Sin un futuro muy claro, escuchó el consejo de un buen amigo que le recomendó buscar empleo en Terminales Medellín. Cuando llegó al área administrativa con su hoja de vida en 1991, lo atendió la gerente de entonces, Beatriz Estrada Tobón, y pese a que no contaba con mucha experiencia, don Iván le habló con honestidad y le pidió una oportunidad.
“¡Si quiere póngame a prueba. Si usted ve que le cumplo, que le sirvo y me necesita, ¡me deja!; y si no, pues me dice y me voy para buscar otros senderos.”, dice, entre ideas hilarantes de una historia de decisión que le ha representado un trabajo dedicado de más de 33 años en Terminales Medellín.
Empezó como conductor de gerencia y fue, según él, otro gerente, “el doctor” Elkin Medina, quien percibió sus capacidades y le propuso estudiar una carrera que le fuese útil a la empresa. Fue este gerente quien, personalmente, le pagó el costo de su primera matrícula. Al inicio estudió una técnica en mantenimiento de computadores, pero la empresa lo empujó para especializarse y le abonó el camino para convertirse en ingeniero en sistemas.
Durante las primeras horas del día y de la noche, en jornadas que empezaban muy temprano a las 6 de la mañana hasta altas horas de la noche, Iván Benjumea terminó su carrera, mientras trabajaba con amor y sacrificio. La disciplina con la que afrontó esa etapa de su vida, le restaron tiempo para estar al lado de sus hijos. Sólo los domingos salía y disfrutaba de su compañía, mientras realizaba las tareas universitarias que según dice-“le quemaron las pestañas-”… “- yo primero salía muy temprano de la casa y los dejaba dormidos, llegaba muy tarde y los encontraban dormidos… el tiempo era más reducido en esa época, ahorita ya es un poquito mejor, como digo yo, porque como los hijos ya están grandes”
Cosechando los frutos, a vísperas del fin del mundo.
Su esfuerzo produjo los primeros frutos, cuando de conductor de gerencia fue ascendido a auxiliar administrativo de la Secretaría General. Entre sus funciones estaba la de digitar todos los contratos y los procesos disciplinarios, era el escribiente de los abogados de Terminales Medellín. Posteriormente, a mitad del año 1999, le propusieron apoyar al equipo de sistemas.
En aquella época, la parte operativa funcionaba con tiquetes manuales que contenían información de la placa, entre otros datos de los vehículos y las empresas. Los tiquetes se entregaban en las casetas, donde se digitaban los datos en unas computadoras de pantallas oscuras con sistema D.O.S., y que se comunicaban, por cable coaxial, a un enorme servidor que ocupaba un cuarto completo.
“Open DMS se llamaba entonces. Para poder sacarlo trajeron montacargas, tumbaron ese muro, sacaron el servidor e instalaron otro servidor que ya era más pequeñito.” recuerda don Iván con claridad aquella época, cuando se murmuraba un panorama apocalíptico para los sistemas con la llegada del milenio y se diagnosticaba el colapso de las bases de datos. En ese momento fue invitado a participar del grupo de sistemas de Terminales Medellín para aportar su conocimiento, ante un posible colapso:
“Cuando íbamos a pasar de 1999 al año 2000, el mundo se iba a acabar porque los sistemas no tenían sino dos dígitos, pero eso no pasó.”
Al terminar su carrera, fue promovido al cargo de Profesional Universitario TIC de la Subgerencia de Planeación y Desarrollo, donde ayuda a pensar el presente y el futuro operacional de Terminales Medellín. “La tecnología todos los días es cambiante y va avanzando, ¿cuándo habíamos hablado nosotros de una cámara de reconocimiento facial hace 20, 30 años, eso no existía.”, dice con orgullo al haber participado de todas las transiciones tecnológicas en sistemas por las cuales ha transitado Terminales Medellín y donde él ha servido como soporte para administrar softwares como el Hermes, desarrollado por la misma empresa para procesar y recolectar la información de llegadas, salidas y tasas de uso, el mismo software que permite saber con certeza que, hasta el 1 de noviembre de 2024, se han movilizado más de 17 millones 100 mil viajeros a través de las 76 empresas transportadoras que operan desde las terminales Norte y Sur, además ha registrado la entrada y salida de 1 millón 548 mil vehículos.
“Nosotros en la parte operativa tenemos cámaras que leen las placas de los vehículos, impresoras térmicas de punto y con calor imprimen un tiquete, y aplicaciones propias que llevan registros detallados de nuestra operación”.
Terminales Medellín, su primer hogar.
Terminales Medellín le ha dado todo, hasta el amor de su vida, pues fue aquí donde conoció a su actual esposa, doña Elena Arango, quien trabajaba en el puesto de información cuando don Iván llegó a la Terminal del Norte en el año 1991. Después de compartir los primeros 3 años de trabajo juntos, iniciaron una historia de amor que perdura en la actualidad y que ha dado como resultado dos hijos, Alejandro y Ana Cristina de 28 y 29 años respectivamente.
Dice que Terminales Medellín es su primera casa, porque la segunda es donde va a dormir. Acá pasa la mayor parte de su tiempo y es donde ha compartido por más de 33 años con algunos de sus compañeros y amigos más entrañables: “Aquí yo vengo todos los días a las 07:15, entonces es donde más se mantiene uno”, por eso saluda y se despide con alegría pues, según él, “hay que conservar el buen humor y el picante. Porque si uno se mantiene haciendo mala cara y no le pone un poquitico de humor, la cosa se pone complicada con los compañeros.”
En la actualidad, a don Iván se le ve renovado, con energía extra, pasando por una etapa de regocijo y de “loco de amor” por su nuevo nieto de 15 meses. El momento más particular en la actual vida de este hombre cincuentenario, es cuando cada tarde sale con su morral, después de una ardua jornada de trabajo y, ¡aun impecable!, se despide de todos: – “¡Hasta el martes!” – o – “¡hasta el miércoles!” – para referirse al día siguiente en el que se verá durante 9 horas con sus compañeros. Es un abuelo feliz y lo demuestra con su expresión al ir al encuentro de ese amor incomparable. Su sonrisa irradia la alegría intensa que le provoca la idea de compartir un día más con el pequeño Joaquin y jugar con él a los carritos o leerle un cuento.
Don Iván Benjumea, ingeniero y profesional en TIC de Terminales Medellín, está a 8 años de pensionarse. Es un hombre dedicado a su trabajo y a su familia, anhela terminar sus días disfrutando de un pequeño terruño alejado del bullicio, en el cual imagina una vida apacible al lado de su esposa, levantándose con el cantar de los pájaros para regar y consentir sus plantas.
En la actualidad, a don Iván se le ve renovado, con energía extra, pasando por una etapa de regocijo y de “loco de amor” por su nuevo nieto de 15 meses. El momento más particular en la actual vida de este hombre cincuentenario, es cuando cada tarde sale con su morral, después de una ardua jornada de trabajo y, ¡aun impecable!, se despide de todos: – “¡Hasta el martes!” – o – “¡hasta el miércoles!” – para referirse al día siguiente en el que se verá durante 9 horas con sus compañeros. Es un abuelo feliz y lo demuestra con su expresión al ir al encuentro de ese amor incomparable. Su sonrisa irradia la alegría intensa que le provoca la idea de compartir un día más con el pequeño Joaquin y jugar con él a los carritos o leerle un cuento.
Don Iván Benjumea, ingeniero y profesional en TIC de Terminales Medellín, está a 8 años de pensionarse. Es un hombre dedicado a su trabajo y a su familia, anhela terminar sus días disfrutando de un pequeño terruño alejado del bullicio, en el cual imagina una vida apacible al lado de su esposa, levantándose con el cantar de los pájaros para regar y consentir sus plantas.
Los equipajeros de la Terminal del Norte de Medellín, siempre están listos para servir
Don Carlos Arturo Morales lleva 36 años representando la cara amable de Terminales Medellín. Es un hombre de sonrisa tímida y pocas palabras, pero escudriñar en su vida es descubrir a un ser fascinante, que ha construido su hogar a base de amor y fuerza.
Cuando inició su labor como equipajero en el año 88, no existía la Terminal del Sur y todos los destinos convergían en la Terminal del Norte. En aquella época el acopio de los taxis no contaba con un techo y recibir a los pasajeros en medio de torrentes aguaceros significaba un reto para quienes hacían su labor, porque siempre están dispuestos a servir, sin importar las circunstancias.
Don Carlos ha sido testigo de la transformación de la Terminal del Norte y de su evolución hasta convertirse en la principal terminal de transporte terrestre de la región.
De su infancia tiene muy presente cuando, siendo un niño de cinco años, correteaba con sana alegría entre cultivos en el Alto de Las Palmas, al lado de sus padres. Pero muy temprano, antes de cumplir los seis, toda la familia emigró al barrio Villa del Socorro, donde con el pasar de los años conformó su propia familia, de la cual habla con orgullo.
“Nosotros vivimos en una finca por allá por los lados de Las Palmas. Mi papá era el que administraba la finca y yo era un niño, estudiaba, pero en ese tiempo ya mi papá se aburrió allá y consiguió casa en Medellín y nos vinimos a vivir acá”, expresa con nostalgia.
El afecto por su barrio
En la comisura de sus labios refleja la emoción que le produce pronunciar el nombre del barrio en el que ha crecido y madurado por más de 50 años. Con orgullo recuerda que, a pocas cuadras de su casa, vivió el “Pelusa Pérez”, a quien tuvo el privilegio de ver jugar en la cancha de Villa del Socorro, mucho antes de convertirse en jugador del Deportivo Independiente Medellín. Entre sus recuerdos destaca su participación en el equipo de fútbol de los equipajeros, cuando las fuerzas eran dobles y se daba el lujo de combinar su trabajo con el deporte.
Orgulloso por su hijo
Al hablar de su hijo, vuelve a dibujarse una sutil sonrisa en su rostro. Gracias a sus potentes y curtidas manos, a sus hombros firmes, Alexánder está a menos de un año de graduarse como profesional, y don Carlos lo dice con orgullo: “Alexánder es un muchacho juicioso que no fuma ni le gusta la parranda”, y por eso se siente feliz y complacido de ayudarlo en su proyecto de vida.
Expresa estar completamente agradecido con la asociación de equipajeros de Terminales Medellín, por permitirle un empleo con todas las prestaciones sociales, un salario fijo y dineros extras cada día, lo cual le ha permitido esculpir una familia a su imagen y semejanza: un hombre impecable, que escasamente se toma una cerveza, y que prefiere el calor de su hogar en las noches, alrededor de un plato rebosante de comida caliente y el cariño de su esposa. Gracias a su trabajo como equipajero, dice, “ha logrado la dignidad para su familia”.
Consuelo, su compañera de vida
A doña Consuelo no duda en reconocerle su gran aporte como esposa, pues gracias a ella y su dedicación, él puede mantenerse siempre limpio e impecable. Disfruta cada momento de su compañía y en las horas de ocio juntos, ven películas de acción. A ella la conoció cuando trabajaba como empleada del servicio en una casa y él se rebuscaba el pan en todo tipo de labores informales. Eso fue mucho antes de iniciar su trabajo como equipajero, desde entonces han construido juntos un amor implacable, donde ambos aportan lo mejor de sí para mantenerse siempre unidos, como símbolos de la voluntad, la fuerza, el trabajo y el amor.
Su rutina
A sus 60 años, don Carlos sigue con rigor la rutina que lo ha levantado por más de 36 a las 8:30 de la mañana. Comparte tiempo con su esposa hasta la hora del almuerzo, a las 12:30 del mediodía se despide para emprender su viaje hasta el lugar que considera “su segundo hogar”. Camina hasta la Estación Popular del Metro Cable, desde donde se transporta hasta la Terminal del Norte, en un recorrido matutino que dura 20 minutos y que realiza, sin falta, durante 6 días de la semana.
Antes de la una de la tarde, don Carlos hace gala de su uniforme limpio, realiza el calentamiento rutinario para emprender labores, mira el orden de la lista entre sus 25 compañeros y se entera de que hoy, le han asignado el número 1. Será el primero en atender un cliente de este nuevo turno, durante una tarde soleada en el acopio de taxis de la Terminal del Norte.
De su aspecto, sobresalen sus grandes y firmes manos, con la fuerza para levantar todo tipo de objetos, paquetes y maletas. Su trabajo consiste en ser amable, saludar, atender preguntas de transeúntes, y de ser necesario, cargar el equipaje adicional de los viajeros. Don Carlos entiende y ha interiorizado el oficio “como el mejor trabajo que ha encontrado”, aquel que le otorga cierta libertad y la importancia de servir honestamente.
Bajo el techo del acopio recibe su primera misión: transportar el equipaje de un viajero habitual que lo busca siempre para que le ayude a llevar su carga. La amabilidad y diligencia que lo caracterizan, le otorgan el privilegio de sumar clientes que lo buscan sólo a él para trasladar sus equipajes.
“No falta el que de pronto le diga a uno no que no quiere o no necesita, ¡todo el mundo no da viaje!, pero la mayoría dan el viajecito para que uno lo lleve a la flota o donde llegan los taxis; o gente que viene de tránsito, de otras ciudades y siguen para Bogotá, para la costa, Puerto Berrío, El Carmen, Marinilla, realmente de muchas partes llegan y siguen viajando.”
Con un saludo amable y un “¡Buenas tardes don Mauricio!”, sin mediar más palabras, basta sólo una sonrisa y una leve indicación para que don Carlos levante el costal y la colchoneta. Con la carga al hombro, se convierte también en un guía que conduce a sus clientes siempre por el mejor camino. En esta ocasión se dirige con certeza al bus de Guarne que está a punto de salir de su celda en el patio operativo. Recibe su paga, se despide amablemente y regresa a la cola de la lista, donde debe esperar su nuevo turno. Durante la espera conversa con sus compañeros, un grupo alegre y heterogéneo de veteranos y jóvenes equipajeros en el que, según él: “prevalece el respeto”.
La ronda se repite unas 14 veces cada día y cuando no cargan maletas, se convierten en guías que ayudan con amabilidad y sin reparos a cuanto usuario lo requiera. Ayudan a personas con movilidad reducida, conectan a los usuarios con las taquillas y los demás servicios que se prestan dentro de la Terminal del Norte.
Así, transcurren los días para este hombre de mediana estatura, tez trigueña y piel dorada por el sol, de cabello corto y uniforme impecable que va a la velocidad que le marca este lugar, por el que transitan unas 30 mil almas cada día y donde no hay espacio para el aburrimiento. Aquí ha encontrado otra familia con la cual olvida los problemas que, según él, “nunca faltan”.
Modificación temporal en la atención de oficinas administrativas de Terminales Medellín
Les informamos que las oficinas administrativas de Terminales de Transporte de Medellín S.A. no estarán disponibles para atención al público los días 14, 15 y 16 de abril de 2025.
Esta medida obedece a la programación de descanso compensado y la jornada semestral del Día de la Familia, garantizando el bienestar de nuestro equipo de trabajo.
📅 Fechas sin atención en oficinas administrativas:
❌ Lunes 14 de abril de 2025
❌ Martes 15 de abril de 2025
❌ Miércoles 16 de abril de 2025
⚠️ Importante: Las operaciones en las terminales de transporte seguirán funcionando con normalidad, garantizando la prestación del servicio a nuestros viajeros.
📞 Para cualquier consulta, pueden comunicarse a través de nuestros canales oficiales.
Agradecemos su comprensión.
Terminales de Transporte de Medellín S.A. 🚍💼
Respuesta PQRSD 2024070196 2024070197
